
En esta ocasión voy a hablar de la energía como motor de nuestra sociedad. Desde tiempos remotos, el hombre ha necesitado la energía para realizar cada vez más acciones. En un primer momento, estas acciones estaban relacionadas únicamente con su alimentación y supervivencia. Las fuentes de energía eran muy pocas y básicas y partieron de su propia energía corporal, luego la de otros seres vivos y luego se fueron diversificando.
Hoy en día, la energía se utiliza para muchas cosas que nada tienen que ver con la alimentación y la supervivencia. Según fuimos teniendo aseguradas las distintas etapas de la pirámide de Maslow, la energía se ha ido utilizando para cosas menos relacionadas con la supervivencia y la alimentación.
Hemos perdido al final el orden de magnitud de la energía que consumimos. ¿alguna vez os habéis planteado cuantos hombres harían falta para generar, digamos pedaleando, la potencia necesaria para mover un turismo?. Hechemos una cuenta. La potencia media de un hombre pedaleando durante un tiempo sostenido largo (1h) es de aprox. 100 W. Pongamos el caso de un turismo de una potencia de 100 CV. Se necesitarían 436 hombres pedaleando para desarrollar la misma potencia.
Esto a lo mejor no nos impresiona. Vamos a otro caso más extremo. Supongamos que queremos generar toda la energía consumida en España, bien sea en forma de electricidad o de calor, es decir, lo que se conoce como energía final mediante fuerza humana. El dato del consumo de energía final en España para el año 2006 ha sido de 112.128 ktep (toneladas equivalentes de petróleo), que equivale a 1,12e+15 kcal. Supongamos que toda la población española es capaz de pedalear 8 h/día a la potencia de 100 W mencionada antes, ¿qué cantidad de energía generaríamos?, ¿sería suficiente?. La población en España para el año 2006 ha sido de 44.708.964 personas. Pues bien, la energía producida sería de 1123 ktep que es 99 veces menos de lo que consumimos. Dicho de otra forma, que para generar toda la energía que consumimos en España, necesitaríamos una población de esclavos de 4470 millones de personas pedaleando la friolera de 8 h/día durante todo el año.
Ahora la pregunta podría ser, ¿es lícito pensar que deberíamos consumir menos energía?. ¿Estaríamos dispuestos, como especie, a renunciar a nuestras comodidades?. Si preguntamos a un ecologista seguramente diría que si, pero ¿realmente somo sinceros con nosotros mismos cuando respondemos a esa pregunta?. Nos consideramos dueños de nuestro destino como especie, y aludimos a nuestra responsabilidad como tal para justificar nuestras acciones. Es posible que hayamos cambiado el concepto de evolución biológica, pero ¿y la evolución sociocultural?, quizás debido a que estos procesos son lentos, se hacen imperceptibles, pero están ahí y gobiernan nuestro rumbo como especie. Es indudable que no podemos renunciar al incremento del número de individuos, o en todo caso sería seriamente complicado. Nuestro efecto como especie sobre el medio es inevitable aunque si minimizable, pero eso supone que nosotros tomemos la decisión sobre lo que hacemos o dejamos de hacer a nivel global, y eso únicamente lo gobierna una fuerza que se nos escapa a nuestro alcance y que se llama evolución.
Existe además en el ser humano una particular tendencia hacia el progreso, como fuente de bienestar global y mediador en una mejor adaptación a distintos medios. Podríamos decir que es la fuerza de la evolución que nos impulsa a buscar constantemente la forma de adaptarnos mejor y a cada vez más medios diferentes. Esto lleva asociado un consumo energético del que no podemos escapar. Nuestro cuerpo no está adaptado al frío extremo, y calefactamos el medio, no vemos por la noche, y la iluminamos, etc.
Asumimos con todo esto el elevado consumo energético de nuestra sociedad como algo que podríamos decir inherente a la misma, y por lo tanto cabe ahora plantearnos, ¿es factible que la energía necesaria la consigamos de fuentes que no dañen el medio? Indudablemente ya hemos visto que no es factible que utilicemos la fuerza humana, pero ¿qué pasa con las llamadas energías renovables?. Esto lo dejamos para una entrada posterior...
Hoy en día, la energía se utiliza para muchas cosas que nada tienen que ver con la alimentación y la supervivencia. Según fuimos teniendo aseguradas las distintas etapas de la pirámide de Maslow, la energía se ha ido utilizando para cosas menos relacionadas con la supervivencia y la alimentación.
Hemos perdido al final el orden de magnitud de la energía que consumimos. ¿alguna vez os habéis planteado cuantos hombres harían falta para generar, digamos pedaleando, la potencia necesaria para mover un turismo?. Hechemos una cuenta. La potencia media de un hombre pedaleando durante un tiempo sostenido largo (1h) es de aprox. 100 W. Pongamos el caso de un turismo de una potencia de 100 CV. Se necesitarían 436 hombres pedaleando para desarrollar la misma potencia.
Esto a lo mejor no nos impresiona. Vamos a otro caso más extremo. Supongamos que queremos generar toda la energía consumida en España, bien sea en forma de electricidad o de calor, es decir, lo que se conoce como energía final mediante fuerza humana. El dato del consumo de energía final en España para el año 2006 ha sido de 112.128 ktep (toneladas equivalentes de petróleo), que equivale a 1,12e+15 kcal. Supongamos que toda la población española es capaz de pedalear 8 h/día a la potencia de 100 W mencionada antes, ¿qué cantidad de energía generaríamos?, ¿sería suficiente?. La población en España para el año 2006 ha sido de 44.708.964 personas. Pues bien, la energía producida sería de 1123 ktep que es 99 veces menos de lo que consumimos. Dicho de otra forma, que para generar toda la energía que consumimos en España, necesitaríamos una población de esclavos de 4470 millones de personas pedaleando la friolera de 8 h/día durante todo el año.
Ahora la pregunta podría ser, ¿es lícito pensar que deberíamos consumir menos energía?. ¿Estaríamos dispuestos, como especie, a renunciar a nuestras comodidades?. Si preguntamos a un ecologista seguramente diría que si, pero ¿realmente somo sinceros con nosotros mismos cuando respondemos a esa pregunta?. Nos consideramos dueños de nuestro destino como especie, y aludimos a nuestra responsabilidad como tal para justificar nuestras acciones. Es posible que hayamos cambiado el concepto de evolución biológica, pero ¿y la evolución sociocultural?, quizás debido a que estos procesos son lentos, se hacen imperceptibles, pero están ahí y gobiernan nuestro rumbo como especie. Es indudable que no podemos renunciar al incremento del número de individuos, o en todo caso sería seriamente complicado. Nuestro efecto como especie sobre el medio es inevitable aunque si minimizable, pero eso supone que nosotros tomemos la decisión sobre lo que hacemos o dejamos de hacer a nivel global, y eso únicamente lo gobierna una fuerza que se nos escapa a nuestro alcance y que se llama evolución.
Existe además en el ser humano una particular tendencia hacia el progreso, como fuente de bienestar global y mediador en una mejor adaptación a distintos medios. Podríamos decir que es la fuerza de la evolución que nos impulsa a buscar constantemente la forma de adaptarnos mejor y a cada vez más medios diferentes. Esto lleva asociado un consumo energético del que no podemos escapar. Nuestro cuerpo no está adaptado al frío extremo, y calefactamos el medio, no vemos por la noche, y la iluminamos, etc.
Asumimos con todo esto el elevado consumo energético de nuestra sociedad como algo que podríamos decir inherente a la misma, y por lo tanto cabe ahora plantearnos, ¿es factible que la energía necesaria la consigamos de fuentes que no dañen el medio? Indudablemente ya hemos visto que no es factible que utilicemos la fuerza humana, pero ¿qué pasa con las llamadas energías renovables?. Esto lo dejamos para una entrada posterior...